VIII Jornada de BiblioMadSalud

El 15 de junio de 2026 (simple coincidencia, en 1977 en esta misma fecha tuvieron lugar las primeras elecciones democráticas) nos volvimos a reunir los socios y allegados de BiblioMadSalud, no sólo para disfrutar de nuestra VIII jornada anual sino, sobre todo, para conmemorar los 10 años de nuestra Asociación, para lo cual se organizaron tres mesas en las que se habló, discutió y reflexionó sobre el pasado, presente y futuro de las bibliotecas: “10 años conectando conocimiento”.

Moderados por Elena Primo (exdirectora de la Biblioteca Nacional de Ciencias de la Salud), a los miembros de la primera mesa se les pidió que fueran nostálgicos y que nos resumieran a los allí presentes el antes y el ahora de esos diez años transcurridos desde 2016, cuando dimos nuestros primeros pasos como colectivo organizado de profesionales de las bibliotecas y centros de documentación en la Comunidad de Madrid. Y todos ellos y ellas (Cristina Bojo , de la Biblioteca Nacional de Ciencias de la Salud; Myriam de Hipólito, de la Facultad de Veterinaria de la UCM; César Manso, del Colegio de Enfermería de Madrid; Juan Medino, del Hospital de Fuenlabrada, e Itziar Muñoz, del CEU San Pablo) bucearon en el baúl de sus recuerdos para cumplir con la misión encomendada. La primera conclusión llegó pronto y era muy personal: hace diez años éramos más jóvenes. Pero enseguida fluyeron otras conclusiones más profesionales. En estos años hemos vivido la transformación de lo impreso a lo digital (nuestros espacios y nuestros usuarios nos han dirigido a ello, pero también nuestra lógica adecuación a nuevos tiempos). Lo hemos sabido hacer, hemos dado nuevos servicios y hemos actuado con gran profesionalidad. Y eso que en este tiempo también se han reducido drásticamente el préstamo de documentos y las descargas de artículos: las causas de ello son múltiples y son conocidas. ¿Debemos alarmarnos por ello? En absoluto, porque no hemos cejado nunca de trabajar, y cada vez más. Nos hemos sabido readaptar ofreciendo lo que hace diez años podían ser “nuevos servicios” y que ahora son servicios por todos reconocidos (datos de investigación, ciencia abierta, apoyo a la investigación, extensión cultural…). No podemos ni debemos olvidar nunca que nuestros usuarios son nuestro objetivo final, y por ello nuestra atención hacia ellos es una auténtica “locura”, pero es una “locura” soportable y aceptada, pues son nuestra razón de ser. Es verdad que tenemos problemas de personal. Habrá que dejar constancia de ello y pelearlo. Y, sobre todo, conseguir que los superiores de los superiores de nuestros usuarios nos valoren y nos respeten. Muchas preguntas sobrevolaron la mesa: por ejemplo, ¿qué hacemos con nuestros fondos? o ¿cómo llegamos a nuestros usuarios? No era el momento pero habrá que volver a ellas en un futuro. Y se recalcó varias veces: nuestra gran fortaleza es nuestro rol o mejor dicho nuestros roles, porque tenemos muchas facetas. Tampoco faltó en las reflexiones el tema de la IA, que también es multifacética: es una amenaza, es una oportunidad y es una fortaleza. Concluyó la mesa con un mensaje de esperanza: a pesar de los mimbres con los que trabajamos a diario, podemos y debemos ser optimistas.

Para la segunda mesa, ya que se trataba de hablar de bibliotecas, recursos y usuarios, qué mejor que invitar a los responsables de editoriales y proveedores de recursos para que nos dieran su opinión y presentaran sus reflexiones sobre cómo nos han visto estos años, cómo nos ven y cómo les gustaría que fueran esas relaciones en un futuro. En un espacio común, moderados por José Manuel Estrada (Hospital del Sureste y UETS de la Comunidad de Madrid), pudimos reunir a Ricardo Carrasco (Elsevier), Francisca García-Sicilia (C-17), Diego López (Panamericana) y María Gómez (BMJ). Todos coincidieron en que hace 10 años estábamos estáticos e impresos, pero todo hacía presagiar que estábamos destinados a transformar nuestro histórico mundo en papel a un mundo digital. También coincidieron en que hemos cambiado mucho en estos años y en esos cambios todos los agentes intermediarios han apostado por actualizar sus herramientas para que las bibliotecas podamos seguir ofreciendo nuestros mejores servicios a nuestros usuarios. Además, todas sus opiniones fueron confluyendo en una certeza: siempre hay una biblioteca o un profesional detrás de una buena información. Pero a todos, proveedores y usuarios, nos afecta un mismo problema, las dificultades presupuestarias, que son difíciles de soslayar. Si una preocupación ha perseguido a todos los miembros de la mesa estos años es hacer llegar siempre la información de la forma más fácil a los usuarios. La necesidad de los usuarios por acceder con “cero click” choca con la necesidad de las bibliotecas y sus proveedores de preservar la legalidad y la seguridad en el acceso. Y si algo es cierto es que todos, quien proporcionan, quienes intermedian, quienes resuelven y quienes consumen formamos parte de un mismo ecosistema de la información en salud. Y un deseo final, la confluencia de todos los recursos y todas las herramientas en un mismo punto de encuentro. Ya lo previeron los egipcios con su Biblioteca de Alejandría, pero las llamas lo impidieron.

A los ponentes de la última mesa, “la del futuro”, les habíamos pedido que fueran imaginativos y que nos dijeran no qué sino cómo querían ser mayores. Al reto, moderados por Alexis Moreno Pulido (UNED), se enfrentaron María José Rebollo (Colegio de Médicos de Madrid), Isabel Martínez-Hervás (Hospital Severo Ochoa), Concepción Campos (Hospital de Getafe) y Candelas Gil (Universidad Autónoma). A día de hoy, como comentaron, nuestros usuarios ya son remotos, poco aparecen por nuestros espacios físicos, y dentro de 10 años seguramente serán mucho más remotos aún. Porque aunque las bibliotecas cambien, los usuarios seguirán existiendo porque son ellos los profesionales sanitarios o no sanitarios que usan, comparten y visitan nuestras bibliotecas en nuestras instituciones. Lo deseable, y que es algo que no ocurre en la actualidad, es que las bibliotecas tendrían que estar integradas en los organigramas de nuestras instituciones, ser consideradas como “socios” y, por tanto, participar en el sitio y momento donde se toman las decisiones. Eso no es fácil y el problema es plantear cómo este deseo puede hacerse realidad. Otro reto al que debemos enfrentarnos para un mejor futuro es el de la anticipación. No podemos esperar a que sigan llegando a nuestras bibliotecas esos usuarios que ya no llegan presencialmente, sino que debemos anticiparnos a sus necesidades, multiplicando nuestra utilidad. Y a nuestros profesionales-usuarios debemos ir sumando otros colectivos, la ciudadanía o los pacientes (en el caso de los hospitales), y es nuestra oportunidad poder ejercer de “traductores” para que la información más profesional, más médica, pueda llegar a ellos en un lenguaje más comprensible. En definitiva, nuestra subsistencia dependerá de en qué medida seamos capaces de ser proactivos y anticipativos. Como no podía ser menos, salió a relucir el tema de la IA y llegamos a la conclusión de que, frente a ella, las bibliotecas aportan información, transparencia y pensamiento crítico. Y tres palabras resumieron nuestro quehacer y nuestra realidad más inmediata, que debe fijarse en nuestras agendas con tinta indeleble: visibilidad, relevancia e impacto. Sabiendo que, como llevamos haciendo siglos, tenemos una capacidad de adaptación propia de las mejores especies. Y quien se adapta sobrevive, ya lo dijo Darwin.

Con unas fotos para el recuerdo y la añoranza, y un resumen final dimos por amortizada la jornada, en muy buena compañía. La de todos aquellos socios y allegados que quisieron compartir diez años de ilusión, trabajo, esfuerzo, colaboración y esperanza.

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